My favorite things 01x10

Cómo escuchar de pasada una canción de Bad Religion me llevó, a lo largo de 20 años, a descubrir muchas de mis cosas favoritas, incluyendo un libro, un musical, una serie y otro artista

Para celebrar la décima entrada del blog quería hacer algo un poco especial.

Me encanta pensar en los caminos que me han llevado a descubrir mis cosas favoritas, y en la tremenda influencia que a veces tiene en ellos el azar. Si no hubiera seguido en Instagram a Cœur de Pirate nunca habría llegado a escuchar a Charlotte Cardin; si no me hubiera pasado de Google Play Music a Spotify no conocería a Bear Ghost (pero si no hubiera estado un tiempo en Google Play Music no conocería al Cuarteto de Nos); si no hubiera sido tan fan de Spaced probablemente nunca habría visto la Cornetto Trilogy de Edgar Wright… y así.

Pero hay uno de esos caminos al que le tengo especial cariño, por lo alargado en el tiempo, por la cantidad de pasos que tiene y por lo tremendamente favoritos que son todos ellos. Y de ese camino voy a hablar hoy.

Pensé en subtitular esta entrada “Cómo llegué desde Bad Religion hasta Patrick Rothfuss en apenas 20 años”. Pero luego, la longitud me pareció inadecuada para un subtítulo, de modo que re-subtitulé la entrada. La llamé “Cómo escuchar de pasada una canción de Bad Religion me llevó, a lo largo de 20 años, a descubrir muchas de mis cosas favoritas, incluyendo un libro, un musical, una serie y otro artista”.

Bad Religion

1996. Internet estaba apenas empezando a llegar a las casas, y la MTV todavía ponía vídeos musicales.

Un día me encontré con Punk Rock Song de Bad Religion, muy poco después se convirtieron en mi grupo favorito, y ahí siguen hasta la fecha.

Entonces no había casi opciones (ni legales ni, uhm, menos legales) para encontrar música por Internet, así que los comienzos fueron complicados. Recuerdo conseguir bajarme My Poor Friend Me y American Jesus, comprarme la cinta (!) de The Gray Race, que un primo mío me prestara el CD de Tested, comprarme yo el de Against the Grain… pero, fuera como fuese, Bad Religion seguía estando ahí.

Avancemos unos cuantos años. En 2010, MySpace (!) publicó un disco de versiones de Bad Religion, Germs of Perfection (disco que, por cierto, es absurdamente difícil de encontrar hoy, menos mal que nos queda archive.org). En este disco había unas cuantas versiones curiosas de gente como Tegan & Sara, Guttermouth o The Weakerthans, pero la que más me gustó sin duda fue My Poor Friend Me, un poco por la propia canción y otro por la versión que hacía de ella un tal…

Frank Turner

Si Bad Religion es mi grupo favorito, bien podría decir que Frank Turner es mi artista favorito (por más que normalmente no toque él solo sino con su banda, The Sleeping Souls).

Tremendamente versátil, se reinventa en cada disco que saca, y entre disco y disco escribe libros, organiza festivales, viaja por todo el mundo apoyando a ONGs o toca en ceremonias de apertura de Juegos Olímpicos. Y además es un gran tipo.

Y sus directos son, bueno, brutales:

Además, gracias a Frank he descubierto a algunos artistas que ahora son de mis favoritos, como Will Varley o Felix Hagan & The Family. Pero este camino no sigue por ahí (aunque podría), sino que se mueve ahora hacia una serie de televisión.

Un día vi pasar un tweet suyo diciendo que estaba en casa de Tim Omundson viendo el primer capítulo de una serie nueva. Yo no sabía quién era Tim Omundson ni había oído hablar en absoluto de la serie, pero me entró la curiosidad y empecé a verla. Esa serie era…

Galavant

Galavant es una serie genial.

Y no sólo por lo divertida que es, sino por los actores, los cameos (desde Ricky Gervais a, claro, “Weird Al” Yankovic, pasando por Kylie Minogue)… y, sobre todo, por su INCREÍBLE banda sonora (Alan Menken y Glenn Slater, nada menos).

ABC sólo le dio dos temporadas, y parece que nadie se decide a traerla a España (vamos, Netflix, sal a bailar, que tú lo haces fenomenal), pero si tenéis la oportunidad de verla por cualquier medio, aprovechadla, porque es una verdadera joya.

El propio Tim Omundson (el rey Richard en Galavant) se convirtió en uno de mis actores favoritos, y un día, no sé muy bien cómo, llegué hasta un tweet en el que alguien le decía que sería un gran King George. Tiré un poco del hilo y vi que se refería a un personaje de un musical, un musical del que ya había leído hablar de pasada por ejemplo al gran Hematocrítico, pero del que no sabía nada más hasta entonces.

Ese musical era…

Hamilton

Creo que no exagero si digo que Hamilton es una de las obras artísticas más importantes de lo que llevamos de siglo.

Podría estar escribiendo durante horas sobre lo absolutamente increíble que es este musical en clave de hip-hop sobre Alexander Hamilton, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos… pero voy a intentar ser razonablemente breve y dejar solamente unas pequeñas semillas plantadas con la esperanza de despertar un poquito vuestra curiosidad.

Uno de mis vídeos favoritos es éste, del día en el que Lin-Manuel Miranda cantó en la Casa Blanca (!) Alexander Hamilton, la que con algunos cambios acabaría siendo la primera canción del musical (que por aquel entonces todavía estaba planteado como un álbum conceptual). Es maravilloso ver cómo las caras de la gente van pasando de la risa y la incredulidad cuando Lin habla de “alguien que representa el espíritu del hip-hop: el Secretario del Tesoro Alexander Hamilton” al asombro absoluto y la sensación de estar viviendo un momento realmente especial conforme avanza la canción:

Después de aquello, ese disco conceptual fue poco a poco convirtiéndose en el extraordinario musical que es hoy, llevándose por el camino una cantidad enorme de premios (Grammys, Tonys, Pulitzer, Olivier Awards…)

Esta actuación en la gala de los Grammys de 2016 fue la primera vez que la mayoría de los mortales pudimos ver un número completo de Hamilton (que es, de nuevo, la primera canción del musical, pero esta vez con toda la compañía):

A partir de ahí vinieron muchas más cosas: varias compañías llevando el musical por todo Estados Unidos, Puerto Rico, Londres y próximamente Australia (y espero que el resto de Europa); artistas como Nas, Regina Spektor, Sia, Alicia Keys, John Legend o The Decemberists versionando o adaptando canciones de Hamilton (hasta el propio Obama participó en una de estas versiones); referencias a Hamilton y a Lin en un montón de películas y series; y, en fin, la consolidación de Hamilton como esa obra de arte universal que mencionaba al principio.

Y no puedo resistir la tentación de poner esta MARAVILLOSA versión de Dear Theodosia que hicieron Regina Spektor y Ben Folds:

Gracias a Lin-Manuel Miranda y a Hamilton he descubierto, directa o indirectamente, muchísimas cosas: In the Heights, Dear Evan Hansen, His Dark Materials, The Other Two, Fosse/Verdon…

… pero hay una que destaca sobre todas las demás, una que de hecho ha terminado convirtiéndose en mi libro favorito.

Un día, leyendo la letra de The Story of Tonight en Genius, vi que el propio Lin-Manuel comentaba que para escribirla se había inspirado en una escena de un libro. Poco después, vi pasar la noticia de que él mismo iba a producir la adaptación al cine de ese libro (¡y a componer su música!).

Ese libro era…

The Name of the Wind

They'll tell the story of tonight... 🎶
April 24, 2017

Nunca había leído mucha fantasía más allá de Terry Pratchett, pero que un libro viniera “recomendado” de esa manera por Lin-Manuel Miranda era, como poco, suficiente para despertar mi curiosidad. Además, coincidió que cuando fui a mirar en Amazon la edición Kindle estaba a menos de 2€ (¡ahora está a 99 céntimos!), y decidí tomármelo como una señal. Y acerté de pleno.

The Name of the Wind es un libro precioso, maravillosamente bien escrito, con una dosis importante de fantasía pero lo suficientemente “realista” como para no asustar demasiado a quien no sea muy fan del género, y en el que la música juega un papel crucial.

Es la primera parte de lo que se supone que será una trilogía (y la segunda, The Wise Man’s Fear, también es fantástica), pero el tercer libro parece que se está resistiendo un poco. En cualquier caso, por más que a veces me pueda la impaciencia, por mí que Patrick Rothfuss se tome todo el tiempo que necesite para terminarla como se merece.

Y hablando de terminar cosas…

Con The Name of the Wind termina, al menos por ahora, este camino.

¿Continuará?